El bebé reconoce a su madre tras unas cuantas horas de haber nacido, incluso la busca con la mirada y la reconoce por su voz. De todas las necesidades fisiológicas con las que nace el infante, la más importante para su supervivencia, es la de cercanía con su madre. Este vínculo preverbal está mediado por cinco respuestas instintivas: chupar, sonreír, pegarse al cuerpo de la madre, llorar y seguir con la mirada. Así, el primer contacto del niño con el mundo, se reduce a lo que su madre hace con su cara, su voz, su cuerpo y sus manos. Es una coreografía donde el psiquismo de la madre traducido como “sostén emocional”, es captado por el bebé que a su vez se encuentra en formación de su propio mundo interior.
