Parte de nuestras dificultades de comunicación con otras personas tiene relación con suponer que todos le damos el mismo significado a los sentimientos. Y, no es así. La palabra “ansiedad”, por ejemplo, es un intento de dar nombre a un sentimiento y la mayoría de nosotros cree saber de lo que se habla cuando alguien dice sentirse así. Sin embargo, cada uno de nosotros interpretará este sentimiento en referencia a sus vivencias. Para comunicarnos mejor, necesitamos partir de la idea de que es posible que usemos el mismo lenguaje, pero eso no significa que estemos diciendo o entendiendo lo mismo. La pregunta es si queremos comunicarnos, y si es así, tenemos que abrir nuestra mente y pensar que el otro vive en un mundo desconocido que nos gustaría conocer.
