En varios estudios longitudinales se encontró que los adultos provenientes de familias intactas muestran mayor bienestar psicológico y capacidad de adaptación que los adultos hijos de padres divorciados. En otro estudio de 738 niños provenientes de familias intactas así como de familias con padres divorciados, se demostró que los niños provenientes de familias intactas tienden a evaluarse a sí mismos y a sus padres de una forma más positiva que aquellos de familias de padres divorciados.
Igualmente se ha demostrado que una familia intacta, pero rodeada de conflicto e infelicidad interparental, infringe más daños al niño que una familia de padres divorciados. Es el conflicto interparental, más que el estado marital de la pareja, lo que afecta el desarrollo y la adaptación del hijo. Es mucha ya la evidencia que sugiere, sin lugar a dudas, que es preferible un buen divorcio, que un divorcio en continua pelea o un matrimonio en conflicto. Es importante señalar que los hallazgos de la mayoría de las investigaciones sobre los hijos del divorcio, realizadas hasta el momento, no han podido generalizar los resultados obtenidos. Algunas investigaciones sugieren que el primer año después del divorcio, es el más crítico, tanto para los hijos como para los padres. Durante ese año los hijos del divorcio presentaron más conductas negativas que los hijos de familias intactas. A los dos años del divorcio, ya casi todos los problemas entre padres e hijos habían desaparecido, llevando a los investigadores a pensar que mientras menos prolongado sea el tiempo para organizar a la familia alrededor de la nueva situación, menos consecuencias desastrosas tendrá el divorcio para los hijos y los padres. También es cierto que las reacciones de los niños son distintas de acuerdo a la edad en que experimentaron el divorcio:
Los niños preescolares reaccionaron negando el divorcio y sintiéndose culpables del suceso.
Los niños entre 7 y 8 años mostraron profunda tristeza y utilizáron menos la negación.
Los niños de 9 y 10 años, se sentían avergonzados y enojados, pero tenían más mecanismos internos para manejar sus sentimientos.
En un estudio longitudinal sobre los hijos de padres divorciados diez años después del evento, se encontró que los hijos del divorcio sienten que pertenecen a un grupo social especial por lo que expresan que sus vidas han sido ensombrecidas por el divorcio de sus padres, y expresan no haber recibido el mismo apoyo que imaginan han recibido los hijos de familias intactas…
Recordemos que no hay generalizaciones, estos son solamente datos para pensar y considerar….
