Exactamente en julio del año pasado que escribí la última entrada a este blog, mi hijo enfermó gravemente, toda mi atención se volcó hacia él, para disfrutarlo, apoyarlo y luchar a su lado hasta que un accidente, finalmente lo mató. Esta gran pérdida que no alcanzo a sanar y no sé si algún día sanará, me llevó a escribir un nuevo libro sobre cómo mejorar las relaciones con los hijos y con la pareja. Es un libro que sigue en proceso, que viene y va en oleadas de inspiración y que suma mi conocimiento y mi experiencia de 40 años de trabajo primero con bebés, luego con adolescentes y ahora con adultos, solteros, madres o padres que sufren de amor. Acercarme teórica y empíricamente a la práctica psicoanalítica me ha llevado a pensar que es el amor el mayor afrodisiaco, para vivir la vida y disfrutarla. No quiero decir que la vida es fácil o simple o sin problemas. La vida es y se presenta ante nosotros en una mezcla de realidad y estado emocional. La realidad sí existe, tiene que ver con lo objetivo, lo tangible, los hechos. El estado emocional tiene que ver con el grado vivencial de nuestras emociones. Todas las personas nacemos, además de con un código genético, con cierta tolerancia a la frustración. Dependiendo de nuesta tolerancia innata es cómo manejamos la envidia, los celos, el odio, la rivalidad, la exclusión y las emociones que son todas parte del ser humano. Sin embargo, se ha encontrado que lo innato se nutre de la experiencia. Así como podemos, con la alimentación, vivir una vida más sana y con menos riesgos de adquirir una enfermedad incurable, también podemos reflexionar sobre nuestras emociones para poder relacionarnos mejor, y alcanzar el sentimiento de tranquilidad. La felicidad es efímera, pero la tranquilidad puede ser constante. Aceptar la vida como viene supone un trabajo diario. Espero seguir por aquí para contarlo….
