Cada eleccion que tomamos supone una renuncia: lo que no se eligió. esto puede ser muy doloroso para algunas personas, especialmente para aquellas que no toleran la frustración y/o que tienen la convicción de que existe algo perfectamente maravilloso y extraordinario que va a calmar y colmar todos sus anhelos. Este dolor, que para algunos resulta intolerable, dispara mecanismos destinados a evitarlo o disminuirlo. Algunos de estos mecanismos resultan un problema en sí mismos: distorsionamos, maquillamos, negamos… La realidad. Y esto puede llevar a que idealicemos lo que elegimos para asegurarnos que es la elección correcta, pero al hacerlo inexorablemente destruimos, afeamos o devaluamos lo no elegido. Se requiere de un exento trabajo interno, de introspección y análisis, de preferencia con la ayuda de un profesional, para entender el porqué lo elegido y la frustración que desencadena la renuncia.
